El valor de la predicación expositiva II

Esta serie de entradas esta extraída de la revista «El predicador Evangélico» en el volumen VII nº28 VII de Abril-Junio de 1950. El objetivo de esta entrada es el de recuperar este texto para lectores presentes (se podrán ver todos los documentos recuperados aquí).

Si quieres puedes leer antes «El valor de la predicación expositiva I»


 

El método expositivo conduce también a un nuevo método de estudiar las Escrituras. El propósito cambia del de buscar las bases de sermones en textos individuales, al de hallar el significado de un libro o un capítulo.

Este nuevo enfoque de la Biblia amplía también nuestro pensamiento, y ambos mantienen al predicador siendo un estudiante, al mismo tiempo que mantienen su pensamiento en armonía con la verdad divina. La cosa que el predicador debe conocer es su Biblia, y esto no sólo en el sentido de una acumulación de textos, sino también en la revelación de diversas declaraciones del contexto. Mientras más conoce uno la Biblia y trata de vivirla en su propia vida, mejor hombre es y mayor es, en definitiva, su influencia sobre el pueblo y la comunidad.

La iglesia está sufriendo hoy en día la ministración de dos tipos de predicadores: los que son demasiado amplios y los que son demasiado estrechos. Los primeros están bien informados acerca de la Biblia, pero no están informados en ella, o están aturdidos y están tratando de llegar a la mentalidad popular mediante discursitos sobre los acontecimientos de actualidad, hablando volublemente sobre las relaciones de la ciencia con la religión, las necesidades de la mente moderna y temas por el estilo. El otro grupo está compuesto por aquellos cuya predicación es completamente ortodoxa y sincera, pero que tienen mentes pobremente guarnecidas, y solo tienen un vago conocimiento de la Biblia como un todo. Los sermones de este grupo, naturalmente carecen de profundidad de pensamiento, y, más allá de la sincera expresión de fe y esperanza del predicador, no tienen eficacia, pues no logran relacionar la verdad bíblica con la experiencia personal.  Si los hombres amplios basaran sus mensajes en el contenido de las Escrituras, y los del segundo grupo conocieran mejor la b¡Biblia, ambos serían indudablemente más interesantes y de más ayuda para sus oyentes.

(continuará)

 

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