El valor de la predicación expositiva I

Esta serie de entradas esta extraída de la revista «El predicador Evangélico» en el volumen VII nº28 VII de Abril-Junio de 1950. El objetivo de esta entrada es el de recuperar este texto para lectores presentes (se podrán ver todos los documentos recuperados aquí).

El valor de la predicación expositiva (Parte 1)

Por H.E. Knott (del libro «How to prepare an Expository Sermon»)

El sermón expositivo es un esfuerzo para explicar, ilustrar y aplicar las Escrituras a la vida; o, para emplear las palabras de F.B.Meyer, «la predicación expositiva es el tratamiento consecutivo de algún libro o porción extensa de las Escrituras sobre la cual el predicador ha concentrado cabeza y corazón, sobre la cual ha pensado y llorado y orado, hasta que ella le ha entregado su intimo secreto, y el espíritu de ella ha pasado a su espíritu».

Su propósito es ayudar a los oyentes a hallar en los escritos sagrados la verdadera interpretación de la vida. Esto es a la vez un alto ideal y una tarea deleitosa, que enciende en el alma del predicador esa chispa de fuego celestial que brilla con entusiasmo y convicción.

Todo gran predicador, así como todo escritor sobre temas de homilética, considera la predicación expositiva como el método por excelencia. Así Phelps, en «Theory of Preaching», dice: «Apartándose de la predicación expositiva, el púlpito se ha apartado de su mas importante ayuda y estimulo para la variedad. Ninguna otra cosa da a la predicación un radio tan amplio de pensamiento religioso como la exposición de las Escrituras, cuando se produce como el fruto de una mente rica y llena -rica en recursos de erudición y llena de propósitos intensos y prácticos».

El dean Brown, de la Yale Divinity School Art of preaching, manifiesta su preferencia por este método en los siguientes términos: «Soy un firme creyente en el valor de la predicación expositiva». Entre otras razones de tal actitud, afirma que «tiene la garantía histórica de ser apostólica», «asegura un conocimiento más cabal de la Biblia de parte del mismo predicador». «Este método de predicación -dice-, también desarrolla gradualmente un punto de vista bíblico, tanto en el púlpito como en los oyentes, y no hay nada mejor que esto».

El profesor Smyth, de la universidad de Dublin, en «The preacher and His Sermon», dice: «Nuestra enseñanza sería mucho más sistemática si tuviéramos más predicación expositiva. Es una gran necesidad. La gente no aprende la Biblia, no saben cuán lleno de interés está un libro de la Biblia cuando se lo entiende correctamente»

Otros escritores sobre el tema no son menos claros y enfáticos.

El hábito de predicar sermones expositivos es una esplendida disciplina para el pastor. Le da un interés más profundo y vital en el estudio de la Biblia. Le estimula a buscar allí el material de sus sermones, más bien que en los periódicos o en las obras de ciencia y filosofía. La noción de que la Biblia no es tan interesante o fructífera como fuente de material para sermones, como esos otros campos, es un error garrafal. La única razón por qué algunos creen que la Biblia no es interesante, es que no la conocen. Probablemente no exagera F. B. Meyer cuando dice que en realidad es conocida que las obras literarias y poéticas comunes.

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