La justicia de Dios

Si  reflexionamos sobre el término justicia, lo primero en lo que pensamos es en el castigo que merece el que ha actuado de forma incorrecta. En la mayoría de ocasiones declaramos que ese castigo es para reinsertar al que ha actuado mal en una sociedad justa, evitando que vuelva a producirse el acto malvado que ha producido el castigo.

Si somos sinceros con nosotros mismos, cuando alguien comete un delito, sobre todo los delitos mas graves, la idea de reinserción no es la primera que pasa por nuestra mente, sino más bien pensamos en el castigo que merece el que ha actuado mal.

Si trasladamos estos pensamientos de justicia humana a la justicia de Dios creo que podemos entender varias cosas.  En primer lugar sabemos que Dios es justo y que todo hombre es injusto, Dios muchas veces «castiga» al hombre para corregirle y enseñarle por donde debe caminar, pero en otras ocasiones vemos como el castigo de Dios no es corrector sino que es un castigo destructor del pecador.

En segundo lugar creo que la idea de la justicia de Dios, tiene mucho que ver con la santidad, Dios es santo, y no puede mezclarse con el pecado, por lo tanto el hombre que es pecador tiene que permanecer apartado de Dios. Es en este punto donde el juicio de Dios se manifiesta para todos los hombres, es como si Dios preguntase a cada hombre: «¿Eres Santo?»; si la respuesta es afirmativa podemos acercarnos a Él, pero si es negativa estamos condenados a estar separados de Dios.

A lo largo de todo el texto bíblico vemos como la respuesta humana en el juicio de Dios es siempre negativa, y para Dios el pecado produce la separación del hombre, y por tanto la muerte. En el Antiguo Testamento, Dios permitió que un animal muriese en lugar del hombre, pero con la muerte de Jesús, Dios soluciono el problema de una vez por todas, Jesús murió en lugar de todo aquel que cree en él, el hombre no puede hacer nada para ser declarado inocente ante el juicio de Dios, el pecado que hay en nosotros nos condena automáticamente, la única solución es reconocerlo y aceptar que Jesús ha pagado por nosotros con su muerte, y en esa muerte tenemos vida.

Por lo tanto cuando hablamos de Justicia de Dios, no tenemos mas remedio que relacionarlo con el sacrificio de Jesús, hemos sido declarados culpables de pecado, pero Jesús ha pagado nuestra condena, haciéndonos libres. Si reconocemos nuestra culpabilidad y creemos que Jesús ha pagado en nuestro lugar, ante Dios somos inocentes.

La palabra griega que traducimos por justificar es “dikaiún”, los verbos acabados en “-ún” quieren decir que se trata al sujeto como si fuera lo que el verbo indica. Es decir, cuando nos presentamos ante Dios seguimos siendo injustos, pero Dios en su misericordia, nos ve a través de la sangre de Cristo y nos trata como si fuéramos justos.

 

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