El valor de la predicación expositiva III

Esta serie de entradas esta extraída de la revista “El predicador Evangélico” en el volumen VII nº28 VII de Abril-Junio de 1950. El objetivo de esta entrada es el de recuperar este texto para lectores presentes (se podrán ver todos los documentos recuperados aquí).

Si quieres puedes leer antes:

  1. El valor de la predicación expositiva I»
  2. El valor de la predicación expositiva II

 

Uno de los peligros a que todo predicador esta expuesto, es el de «pulsar la misma cuerda». Puede que esté bajo la influencia de su ambiente temperamental (como lo están la mayoría de los hombres, si no todos los hombres), hasta cierto punto, y asi puede estar predicando sobre ciertas lineas de temperamento, preparación o experiencia. Si uno tiene inclinación al estudio, es probable que despliegue en su predicación un interés por cierto campo particular;si uno tiene inclinación mística, es probable que pase mucho tiempo en las nubes; y si uno está aquejado de alguna enfermedad o pasa por dificultades financieras, sus mensajes serán probablemente sombríos y pesimistas. La gente ama la variedad. El Señor no hizo todas las flores iguales, ni ordeno que las frutas fueran todas de mismo sabor. Todos los peligros del temperamento, la preparación y la experiencia pueden salvarse en cierta medida, sin embargo, cuando mediante el método expositivo adaptamos la experiencia a las verdades de la Escritura más bien que emplear la Escritura para ilustrar nuestra propia experiencia, como es fácil hacer con el método de predicar sobre temas.

Sin embargo, el método expositivo no sólo controla la visión religiosa del predicador, sino también elimina la pérdida de tiempo y de energía nerviosa que supone la solución del problema: «¿Sobre qué predicaré el domingo próximo?». Brown menciona como su propia experiencia que, después de pasar diariamente una o dos horas en el estudio intensivo de los libros individuales de la Biblia, después de los primeros cuatro meses de su ministerio, nunca dedico un cuarto de hora a la caza de un texto o un tema. Quizá sea dudoso que todos los predicadores expositivos sean tan afortunados, pero todos endosarán su opinión sobre el maravilloso valor homilético de estudiar teniendo en mente el método expositivo.

«Ningún otro estudio (dice el mismo escritor), es tan prolífico en materiales homiléticos de mayor variedad y la mejor calidad, como el estudio de las Escrituras. No hay otros materiales más aptos para enfrentar las realidades de la vida humana y las emergencias de las vidas de los hombres que los materiales así obtenidos. Una vez llenos de ellos, y con unamente asimilada a su calidad, con una paabra que los tenga en la punta de la lengua, un predicador nunca se sentirá exhausto. No necesitará atormentar su cerebro, ni vagar por las calles en busca de algo que decir y algo que señalar. La corriente es perenne. Es el rio de agua de la vida».

Tampoco nos sorprende oírle testificar en cuanto al valor homilético de este método, o, lo que es aún más vital, levantando la mente «a una atmósfera bíblica, especialmente una atmósfera de fe en Dios y en el futuro de este mundo».

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